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viernes, 12 de diciembre de 2014

GUADALQUIVIR DEL ALMA


GUADALQUIVIR DEL ALMA

        Hoy voy a hacer un comentario a esta poema :

Sumido Guadalquivir
Del alma
Contigo voy
A donde vayas.

        Es el poema con el que termina el librillo  “Poemas y variantes”, libro que escribí ya hace algunos años.
        Lo sumido es lo que va dentro de algo, lo que se ha hundido y está bajo la tierra o el agua, pero también puede ser lo que en el fondo del alma está más o menos conscientemente presente y que muchas veces es el motor de la vida para llevarla al éxito o al desastre.
        En el primer lugar, y en el que sigo aún trabajando, en Tokyo está cerca de un rio que se llama Sumida. Evidentemente sumido y sumida es simplemente una coincidencia fonética de la que nace de manera natural una superposición de sentidos en el poema.

El río Sumida (japonés: 隅田川, Sumida-gawa) es un río de Japón que atraviesa la ciudad de Tokio. Su origen está en la bifurcación artificial del río Arakawa en Iwabuchi, y desemboca en la bahía de Tokio. Entre sus afluentes se encuentran los ríos Kanda y Shakujii.
Arakawa (荒川, Arakawa-ku?) es uno de los 23 barrios especiales de Tokio, Japón. Su nombre deriva del adyacente río Arakawa; es común que el barrio se denomine a sí mismo como "la ciudad de Arakawa".
En 2008, la población estimada de Arakawa era de 197.716 habitantes, con una densidad de 18.800 personas por km². Su área total es 10,2 km²
La región era agricola durante el shogunato Tokugawa. Al llegar la era Meiji, la principal actividad de Arakawa era la industria, que fue atraída por las aguas del río del mismo nombre
            Esto es lo que nos dice  Wikipedia sobre estas dos zonas. El río sumida es una tremenda obra de ingeniería para que cuando el Arakawa se desbordaba no llegara a hacerlo, abriéndole la compuertas y el agua se desviara hacia el Sumida.
        Yo nací en sitio tan tradicional y clásico como es hoy día la oficina de turismo de Córdoba, el lado de la Mezquita. Esa zona Patrimonio de la Humanidad y cuna de cientos y cientos de hombres  importantes en la historia de Córdoba y de España, y algunos de la Humanidad.
        A la orilla del Guadalquivir se criaron  o nacieron Séneca, Alvaro de Córdoba, Ibn Hazn , Ibn Zaidun, Wallada, Ibn Quzman, Alfonso de Baena, Luis Barahona de Soto, Luis Carrillo de Sotomayor, Luis de Góngora y un largo etc.
        Es uno de los pocos ríos que se puede decir tienen verdadero carácter de creador de culturas. Y si nos vamos hacia adelante con Sevilla, la salida al mar y la prolongación hacia América, o hacia atás con Jaén, con eso está todo dicho.
        Por otro lado, en esta orilla japonesa, desde la desembocadura del río Sumida hasta su nacimiento, remontándolo, no son muchos kilómetros, si tenemos que dar algún nombre de escritores tendríamos Shiki Masaoka, Ryonotsuke Akutagawa, Junichiro Tanizaki, Soseki Natsume,
Ichiyo Tsuguchi, y el inapreciable Matsuo Bashó, que en un rapto de genialidad acabó por inventarse ese poemilla llamado Haiku. Todos ellos nacidos o criados en sus orillas.
        No hablemos ya de templos, en la derecha, siempre mirando hacia el nacimiento, al menos dos son de especial renombre, el de Monzennakacho, Hachiman, y el de Asakusa.


Historia
Durante la mayor parte del siglo XX, Asakusa fue el distrito de entretenimiento principal en Tokio. El rokku o "Sexto Distrito", fue famoso en particular como un distrito de teatros, con cines tan emblemáticos como el Denkikan. Los años dorados de Asakusa son vívidamente retratados en la novela de Yasunari Kawabata, La pandilla de Asakusa (1930). El área fue fuertemente dañada por los bombardeos estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial, en particular en el bombardeo de Tokio en marzo de 1945. El área fue reconstruida después de la guerra, pero ahora ha sido superada por Shinjuku y otras áreas coloridas en la ciudad, en su papel como un distrito de diversión.
Geografía
Asakusa se ​​encuentra en la franja noreste del centro de Tokio, en el extremo oriental del metro de la Línea Ginza, aproximadamente 1,6 kilómetros al este del cruce principal del metro Ueno. Es central para el área coloquialmente referida como Shitamachi, que literalmente significa "ciudad baja", en referencia a la poca elevación de esta antigua parte de Tokio, a orillas del río Sumida. Como su nombre lo indica, el área tiene un ambiente japonés más tradicional que algunos otros barrios de Tokio.
Turismo y sitios históricos
Con tantas instituciones religiosas, es frecuente el matsuri (festivales sintoístas) en Asakusa, ya que cada templo o santuario es anfitrión de al menos un matsuri al año, si no cada temporada. El más grande y más popular es el Sanja Matsuri en mayo, cuando las carreteras están cerradas desde el amanecer hasta el anochecer.
En una ciudad donde hay muy pocos edificios de más de 50 años a causa de los bombardeos durante la guerra, Asakusa tiene una mayor concentración de edificios de los años 1950 y 1960 que en muchas otras áreas de Tokio. Están los tradicionales ryokan (casas de huéspedes), viviendas y pequeños edificios de apartamentos en todo el distrito.
De acuerdo con una tradición peculiar de Tokio, Asakusa alberga un cúmulo importante de tiendas de menaje doméstico en Kappabashi-dori, que es visitado por muchos habitantes de Tokio para los suministros esenciales.
Al lado de los jardines del templo de Senso-ji hay un pequeño parque de atracciones llamado Hanayashiki, que presume ser el parque de atracciones más antiguo de Japón. Los cines del barrio se especializan en mostrar películas clásicas japonesas, ya que muchos de los turistas son japoneses de edad avanzada.
Navegando al río Sumida se parte desde un muelle sólo cinco minutos a pie desde el templo.
Asakusa es el distrito geisha más antiguo de Tokio, y todavía tiene 45 geishas trabajando activamente.
Debido a su ubicación colorida, las credenciales del centro, y el ambiente relajado por estándares de Tokio, Asakusa es una opción de alojamiento popular para los viajeros de presupuesto.
Carnaval
El barrio es famoso por su carnaval anual de estilo brasileño. Hay una importante presencia brasileña en la comunidad local y la Asociación de Escuelas de Samba de Asakusa está ​​basada allí.

Hasta aquí algunas de las cosas que nos dice Wikipedia. Ya hablé en otro sitio de una de las fiestas este lugar. Por reducirme sólo a la ciudad que más conozco, Córdoba, equivaldría a la zona de San Lorenzo, la Magdalena etc. Cuando en Córdoba se asciende hacia las Tendillas, aunque no se vea, el límite de la ciudad romana estaría en donde hoy día está el ayuntamiento. La medina y la axarquía. Al llegar al río Sumida en dirección hacia la estación de Nihonbashi y Tokyo tenemos los barrios populares y Otemachi , en el sentido de “Ciudad señorial” del comercio, los grandes señores de la antigüedad etc. Antigüedad aquí equivale a la época de Felipe II más al menos, antes de eso casi no existía Madrid, casi no existía Tokyo, que comenzó llamándose EDO.
        En los límites de estas dos ciudades, lo mismo que en Córdoba y quizás en otras muchas ciudades nació la época mas resplandeciente de la historia de Japón fundamentada ya casi más en el pueblo que en la aristocracia.
        Esta zona de los barrios pupulares tienen todo el sabor de la antígua Córdoba, por supuesto hay que saber salvar las distancias de tiempo , historia y espacio.
        No es una cuestión de nostalgia, simplemente, en mi vida hay dos ríos: el Guadalquivir con toda su carga de cultura y el Sumida que me ha enseñado mucha de la cultura de Japón.

Ríos cuyas aguas, sin duda, se juntarán en algún lugar dando vida a los dos extremos del continente euroasiatico. 

lunes, 2 de junio de 2014

Vareador de Estrellas

DESDE LA OTRA ORILLA

                    El día de las niñas una amiga le llamó por teléfono. Había asistido a la boda de su hermano. Según ella, durante la ceremonia, durante el ágape lloró, lloró y lloró. Y lo hizo no por la emoción que suele producir cualquier tipo de boda. Lloró porque los padres no pudieron asistir a la misma. En última instancia estarían presentes a través de alguna rendija del cielo, vigilando y alentando a la pareja que se unía en matrimonio.
                 Cortaron la conversación telefónica y a él se le despertó en un recodo del alma la imagen de su padre.
                 Se cumplían nueve meses de la desaparición física de su progenitor. Volvía a recordar todo lo que había ocurrido en el lugar en el que él vivía. Lo que había sucedido en el de la defunción era sólo una filtración de palabras. Sin duda habría sido como le habían dicho, detalle más, detalle menos.
                 El mes de enero del año en que ocurrieron los hechos había sido extremadamente frío. Incluso, cosa extrañísima, o al menos él no la recordaba en lo que llevaba de vida, había nevado. Después le regalaron un dvd en el que se mostraban unas imágenes del acontecimiento. Fuera el frío la causa o fuera que ya había llegado la hora, al padre le dio un derrame cerebral. No recordaba el tipo de derrame que había sido. Tal vez para cuestiones de rehabilitación la diferencia sea grande, pero cuando al final se produce la defunción...., la vida no se puede ocultar tras mantos de verborrea científica.
                 El hecho es que el padre tuvo que ser llevado al hospital. Pasó un tiempo de rehabilitación por aquí, rehabilitación por allí. Según todos los testimonios escuchados meses después, el comportamiento familiar fue impecable. De boca de alguien llegó a escuchar:”¡Ojalá mi familia se comporte de la misma manera si me ocurriera a mí!”.
                 En una situación en la que no se sabe como va a evolucionar el estado del enfermo, decidieron no informar al hijo mayor, largo tiempo en tierras lejanas. Lo hicieron un par de meses después. Fue una decisión acertada. Lo único que se podía hacer era cuidar al enfermo y esperar. Provocar problemas de desplazamiento, de visados, de billetes, gastos para aquí, gastos para allá. Innecesarios.... Cuando le informaron, ya había decidido ir ese verano a ver a la familia, pero tenía que ser en un tiempo en el que se perjudicara lo menos posible a la gente que lo rodeaba en el trabajo y en otras relaciones de tipo amistoso o familiar.
                 Ciertamente resultaba duro saber que alguien de la familia se está preparando para el eterno viaje y no poder despedirse de él. ¿Qué hacer? Desde el principio pensó que no era la familia quien iba a criticar su no comparecencia en tan críticas circunstancias. Al menos, cuando los vio, quedó demostrado. ¿Los vecinos y demás urracas aledañas que siempre hay? ¡Que se vayan al infierno!
                 Cuando recibió la noticia quedaban pocos días para empezar el curso académico. Si se largaba un mes, todas las personas que lo esperaban en sus lugares de estudios quedarían con el culo al aire.
                 El padre siempre había echado pestes de esa plaga de vagos e inútiles que lo único que hacen es exigir derechos sin cumplir con sus obligaciones ni deberes.
                 Es en esos momentos cuando la persona se da cuenta de las buenas influencias que ha recibido de los demás. Y él tenía muy enraizada la misma idea. No podía ir, no. No debía ir. Primero era el deber.... Si hubiera ido, su propio padre hubiera entrado en un doble estado de excitación, la alegría y el enfado. La alegría por el reencuentro, el enfado por haber dejado las obligaciones cuando nada se podía hacer. Quizás esa excitación hubiera sido la puntilla final y hubiera tenido que arrastrar durante la vida que le quedara un extraño sentimiento de culpabilidad. Iría cuando ya tenía determinado.
                 Sólo se podían esperar dos cosas, o que antes de ir todo finalizara, o que el enfermo pudiera sobrevivir al menos hasta que él llegara. Si ocurría lo primero, sabía que al menos durante ese verano tendría que descargar en la medida de lo posible a la familia del cansancio acumulado durante medio año de cuidados y convalecencia. Si era lo segundo, entonces ya se vería. Tendría que esperar. Hasta el día de su partida lo único que se podía hacer era comunicarse por internet, por e-mail o por teléfono con la familia. Como así sucedió.
                 Degustador de buen cine, tenía grabada una película inglesa que un par de años antes había tenido éxito. El pequeño bailarín era la traducción literal del título. El crío, joven, sin madre, vive con su padre, un hombre bueno, pero rudo, luchador, minero y apenas instruido. Cuando el crío le dice que quiere ser bailarín, el padre echa culebras por la boca. Eso es una cosa de niñas. Los bailarines son unos maricones.
                 Lugar, época, circunstancias. La reacción era perfectamente comprensible. Pero el pequeño bailarín era más tozudo aún que su padre... Un día, cuando éste ve bailar a su hijo, es el primero que, dando una vuelta de ciento ochenta grados, se convierte en el mejor valedor del mismo.
                 Viendo el fin, lloró, lloró, lloró como una Magdalena. Eran demasiadas coincidencias entre él, su padre y el tema general de la película. Quizás si hubiera habido alguien a su lado no hubiera podido llorar.
                 Eran sobre las seis de la tarde cuando terminó de ver la película. Terminó el trabajo y volvió a casa. El teléfono daba la señal de que había un mensaje. Se dispuso a escuchar, pero sólo había un par de palabras y se cortó. Cosa extraña, era su hermano. .... ¡El padre! ¿Había muerto? Abrió el ordenador y, cuando aún no había terminado de estar preparado, volvió a sonar el teléfono. Efectivamente era su hermano. Por su tono de voz ya sabía lo que iba a decirle. Al otro lado del teléfono no sabían cómo dar la noticia. La tranquilidad se había apoderado de su cuerpo. ¿Qué pasa? ¿Ha muerto? Sí. ¿A qué hora ha sido? Y brotó el llanto. En la otra orilla se sorprendieron. Contó lo que había pasado esa tarde y cómo coincidían las horas de un lado y de otro... Siguieron diciéndole que al día siguiente era la incineración, y que ya lo volverían a llamar para contarle cómo había sido el entierro.
                 Al día siguiente...., a la hora de la incineración, a la hora del entierro, él tenía que hablar de la cultura del olivo. De una cultura que habían sido su padre y su abuelo quienes se la habían imbuido. ¿Ironías del destino? ¿Casualidad? ¿O es que todo estaba escrito?
                 Inevitablemente, esa noche durmió mal. Al día siguiente tenía la charla. En el tren, mientras se desplazaba hacia el trabajo, escribió un poema, con pocas variantes. Lo tituló  “Vareador de estrellas”. Era la imagen que le quedaba de su padre. Había cumplido su ciclo y justamente era cuando su hijo tenía que hablar sobre el olivo.

                 Tierra que de la Tierra fue.
                 Cálida raíz del olivo.
                 Duro, resistente
                 Como rama milenaria.
                 Hoy,
                 A la hora en que los toros
                 Se enfrentan con la vida,
                 Eres, otra vez,
                 Vareador de estrellas.

                 Tierra, olivo, toro. Triada de la tierra que lo vio nacer. Triada de la tierra que lo vio morir.
                 En el trabajo pidió al director del centro que no se fuera muy lejos. Temía que pudiera cortarse y no llevar a cabo la charla. A un amigo que en esos días tenía una exposición, le pidió que pintara un dibujo que representara la idea del poema.
                 Durante las tres horas de la charla. Imágenes, poemas, risas, tranquilidad en la tensión... Todo fue bien y el dibujo perfecto. Su padre había estado presente en la reunión, dirigiéndolo, era su despedida.
                 Volvió a casa y volvió a sonar el teléfono. Le contaron cómo se había desarrollado la misa y lo que habían decidido.
                 El padre quería que sus cenizas fueran esparcidas a los pies de los olivos que lo habían visto crecer. Fue escuchar eso y el llanto comenzó a fluir. Era la primera vez que escuchaba ese deseo. Ante la sorpresa de los del otro lado del teléfono, les contó lo que había pasado. De nuevo la sorpresa. Cuando estaban pensando en la fecha del esparcimiento de las cenizas del difunto , a una de las hermanas se le ocurrió que por qué no esperaban al lejano y así asistían todos al acto. Estuvieron todos de acuerdo y pidieron su parecer a través del teléfono. En aquel estado, daba igual que el acto se llevara a cabo un día más tarde o más temprano.....
                 Todo lo que había ocurrido era pura coincidencia o es que las conexiones de internet se prolongaban con los idos, se preguntaba. Sólo quedaba esperar mes y medio para que, arropado por todos, el Vareador de Estrellas volviera a la tierra, su tierra.

                 El texto está escrito nueve meses después de que ocurrieran los hechos. Sería la primera parte de la historia, que continua con “Vareador de Estrellas”, escrita muy pocos días después del esparcimiento de las cenizas.


                 VAREADOR DE ESTRELLAS

               Viendo, escuchando, comprendiendo
                               las cosas sin sentimentalismos,
                               sin echarlas en olvido.
                                         Kenji  Miyazawa

        La reunión se celebró el sábado por la tarde. Todos los hermanos, todos los cuñados, todos los hijos de unos y otros.
        La casa era una algarabía. La televisión, como en todas las reuniones, estaba alta e impertinente. La situación no era nueva. Siempre ocurría lo mismo cuando no se quería decir nada ni escuchar a nadie. Hasta que alguien la apagó.
        Aunque con dificultades, se terminó de fijar el programa para el día siguiente. Quién iría con quién y en qué coche. Dónde se encontrarían. La gasolinera de no sé dónde, la ruta de no sé cuantos. Todos los hombres eran expertos viajeros por las rutas adyacentes a la ciudad.
        ¿Y qué se haría? Aunque no se definió muy claramente, nadie sabía en realidad lo que había que hacer. Nuevos tiempos aún no completamente ritualizados. Se pensó hacer un hoyo en la tierra, echar las cenizas y tal vez hacer alguna lectura.
        Había conciencia de que en esos momentos un “experto” debería decir algunas palabras, pero un experto significaba un cura, y aunque nadie dijo nada, todo parecía indicar que ninguno estaba por la labor. Un acto familiar, íntimo y sin intervenciones del poder eclesiástico... Parecía increible. Por fin el mundo laico iba imponiendo sus formas, aunque en los días posteriores al fallecimiento se había celebrado una misa.
        Y llegó el día. A la hora indicada se salió de la casa. El visitante, llegado del fin del mundo, no sabía muy bien por dónde se movía el coche. Tanto había cambiado el mundo de la carretera con respecto a la imagen que él tenía.
        Y se llegó al punto establecido. El visitante llevaba un cuadro, un cuadro con la imagen que tenía de su padre. Un toro miraba hacia el olivo y el vareador lo hacía hacia las estrellas. Era sólo una forma, sobre la que nadie preguntó nada, pero tampoco nadie puso un pero. El texto mandado por internet y el dibujo en cuestión parecían haber calado en el ánimo de todos. Era como si hubiera acertado plenamente en el sentir común.
        Se perfilaron los coches por la carretera. Unos se adelantaban a los otros, se guiñaban con los pilotos de adelantamiento, se guiaban.
        El día era radiantemente caluroso. Un cielo azul y un sol que hacía daño en la piel. Los olivos, verde terroso, tenían las plantas secas totalmente, pero estaban cargados.
        La comitiva llegó al lugar en que se cumplirían los deseos del difunto. El lugar, la tierra, en la que juventud y senectud cerraban el círculo. Un hermano del finado llegó y guió a toda la comitiva hasta el punto exacto en el que se suponía que el ya polvo quería ser esparcido.
        Uno de los hijos, el que se había hecho cargo de las cenizas, discutía con el tío sobre en qué olivo se esparciría. Al final preguntó al visitante que cuál olivo le gustaba más.
        _ Aquél es muy bonito.
        Y se andaron unos metros. Tío y sobrino, con las manos terrosas del trabajo, empezaron a hoyar la tierra, reseca como la piel de los propios olivos, reseca como la piel de los campesinos del lugar. Curtidas manos de trabajador infatigable habían sido también las cenizas que ahora iban a
encontrarse consigo mismas. Se estaba cumpliendo la voluntad total y absoluta del difunto.
        Terminado el “joyo”, se abrió el tarro, los finos dirían urna funeraria. Una de las hermanas recogió en un recipiente una porción de cenizas. Se tapó el hoyo.
        El visitante se había convertido sin buscarlo en maestro de ceremonias. Llamó a la nieta más pequeña para que leyera un poema. Vergonzosa, puede que también con un punto de temor, se negó pidiendo a su madre que lo hiciera.

Tierra que de la Tierra fue.
Cálida raíz del olivo.
Duro, resistente
Como rama milenaria.
Hoy,
A la hora en que los toros
Se enfrentan con la vida,
Eres, otra vez,
Vareador de estrellas.

        El segundo poema fue leído por la novia de uno de los nietos del difunto, la segunda persona más joven entre todos los presentes.

Toro abrileño
cerezo en flor.
Vida que acaba 
en un estertor.
Sangre derramada,
pétalos al viento 
de tu amor.    
Toro abrileño 
cerezo en flor.
Estocada del tiempo
para un resplandor.
Ojos que miran,
alma que siente.
Sigue la vida 
en el corazón.

        La tercera lectura le correspondió a la esposa del hijo menor del finado. El poema había sido escrito, tiempo ha, por un premio nóbel de literatura español. Título, Los dormidos, y hacía alusión, sin descarnadas crueldades, a los fallecidos por una u otra causa durante la guerra que empezó a asolar aquellos campos hacía justo setenta años.

¿Qué voz entre los pájaros de esta noche de ensueño
dulcemente modula los nombres en el aire?
¡Despertad! Una luna redonda gime o canta
entre velos, sin sombra, sin destino, invocándoos.
Un cielo herido a luces, a hachazos, llueve el oro
sin estrellas, con sangre, que un torso resbala;
revelador envío de un destino llamando
a los dormidos siempre bajo los cielos vívidos.
¡Despertad! Es el mundo, es su música. ¡Oidla!
La tierra vuela alerta, embriagada de visos,
de deseos, desnuda, sin túnica, radiante,
bacante en los espacios que un seno muestra hermoso,
azulado de venas, de brillo, de turgencia.
¡Mirad! ¿No veis un muslo deslumbrador que avanza?
¿Un bulto victorioso, un ropaje estrellado
que retrasadamente revuela, cruje, azota
los siderales vientos azules, empapados?
¿No sentís en la noche un clamor? ¡Ah, dormidos,
sordos sois a los cánticos! Dulces copas se alzan:
¡Oh estrellas mías, vino celeste, dadme toda
vuestra locura, dadme vuestros bordes lucientes!
Mis labios saben siempre sorberos, mi garganta
se enciende de sapiencia, mis ojos brillan dulces.
Toda la noche en mí destellando, ilumina
vuestro sueño, oh dormidos, oh muertos, oh acabados.
Pero no, muertamente callados, como lunas
de piedra, en tierra, sordos permaneceis, sin tumba.
Una noche de velos, de plumas, de miradas,
vuela por los espacios llevándoos, insepultos.

        Había elegido a aquellas jóvenes, porque ellas eran la tierra, porque ellas eran el fruto y porque ellas, más tarde o más temprano, seguirían renovando las raices de los viejos olivos.
        El último poema, titulado inhumación, lo leyó el visitante.
        _ Lo compuse esta madrugada. No sé si lo podré leer.

Hay quien piensa que es para siempre.
Y yo les digo:
“Quien así piensa es que nunca te
tuvo en su corazón”
Tú, que fuiste olivo.
Tú, que fuiste fuego.
Vuelve a la tierra
con tu ciclo cumplido.
Todos estos que aquí te acogemos.
Todos estos que aquí te abrazamos.
Somos el fruto de tu amor
y tu deseo.
Nadie dirá que es para siempre.
Porque en cada rincón de nuestros
corazones
nos habitas.
Es posible que no mencionemos
tu nombre.
Es posible que sólo seas ya
el abuelo,
como esos olivos centenarios,
ricos en frutos,
ricos en dolor.
Pero tú sabes que nosotros sabemos.
En cada uno queda un trozo
de tu alma,
como popa hacia el horizonte
que se adivina en lontananza.
Gracias, viejo.
Gracias, abuelo.
Y que la tierra te sea leve.

                    23-7-2006
                 (Córdoba de calor y olivo)

        Aunque hasta ese momento se había mantenido sereno. Un nudo se le subía a la garganta y las lágrimas luchaban por salir. Sentía el latido de su corazón , la voz entrecortada. Leyendo cada verso, despacio, dolorosamente llegó al final. 
        Un sepulcral y repetuoso silencio había presidido toda la lectura. Era como si todos sintieran en el pecho las palabras que hubieran querido decir pero que por una razón u otra no habían sabido expresar. El visitante era el eco de sus corazones.
        Cuando se terminó la lectura y el visitante miró alrededor, más de uno no había podido disimular una lágrima.
        El hermano del difunto cerró la ceremonia con un nervioso “Vámonos”, y todos nos perfilamos hacia los cohes, hacia la carretera y después hacia la comida subsiguiente. Por primera vez en muchos años habíamos estado todos juntos y, cosa extraña, unanimemente unidos y respetuosos.

 El visitante forma parte de la familia del difunto. Ha preferido presentarse así porque viene de lejos, lo que literariamente permite un rasgo de objetividad alejada de sentimentalismos. Otra cuestión son los sentimientos reales de la persona.

lunes, 12 de mayo de 2014

Toro(Ushi) Poema de Koutaro Takamura

 TORO (USHI)
POEMA DE KOUTARO  TAKAMURA
(TRADUCCION  ESPAÑOLA )

        Un día de esos en que a uno le dio por visitar una librería de lance, me encontré con un libro de un poeta japonés Dotei (道程), de Koutaro Takamura. Como tantas veces, el libro quedó en lista de espera. Pero llegó el día de empezar a leerlo. Ya era tiempo de hacerlo. Como siempre, en un tren tambaleante y lleno de gente comencé la lectura.
        Decir que entendí todo al cien por cien sería exagerado, pero la palabra del poeta entraba via ojo, camino del corazón. Sentía como unos golpes de martillo de escultor dando forma a cada verso, a cada kanji, a cada expresión.
        No suelo informarme primero de quién es el autor. Puedo decir que de este poeta sólo recordaba haber oido el nombre, ¿dónde?, tal vez en algún programa de televisión. No sé. No me gusta leer nada sobre los autores para, en la medida de lo posible, no tener prejuicios formados por otros. Una vez he leido, entonces sí, leo algo sobre el autor. Eso me pasó con nuestro autor. ¿Cuál sería mi sorpresa al saber que Koutaro Takamura fue en su vida también escultor, además de poeta? En mi opinión, el animal presentado en el poema es una auténtica escultura en palabras. Cuando da un paso no vuelve atrás, el escultor no puede tampoco volver atrás. Palabra escultórica, escultura poética.
        Hacia el final del libro se encuentra el poema ushi. Al leerlo, muchas veces se suele usar la expresión flechazo, fue un puñetazo en el cerebro lo que sentí. Sin poder decir que lo entendí todo, palabra por palabra, sí sentí que lo había comprendido sin excepción.
        Tengo que traducirlo, fue lo primero que pensé. ¿Cuándo? Un día de esos en que ir en el tren resulta apático por el cansancio acumulado y no apetece ni leer ni dormir, ni Pepito que te crió. ¡Ya! ¡La traducción! Y en una hora, desde casa hasta mi destino, sin diccionario, sin consulta, sin nada, sólo con el sentimiento a flor de piel, parí la traducción . No es materia especial de orgullo, pero el noventa por ciento del poema estaba perfecto en la primera traducción. Al corregirlo con una persona japonesa vimos que no era necesario cambiar casi nada.
        A pesar de todo, como en toda traducción, se presentaron algunos problemas, concretamente uno que parece simple, pero que en este poema lo es todo. ¿Cómo traducir la plabra ushi? Leamos primero la traducción y después hablaremos de este problema .

         

牛はのろのろと歩く
牛は野でも山でも道でも川でも
自分の行きたいところへは
まつすぐに行く
牛はただでは飛ばない、ただでは躍らない
がちり、がちりと
牛は砂を掘り土を掘り石をはねとばし
やつぱり牛はのろのろと歩く
牛は急ぐ事をしない
牛は力一ぱいに地面を頼つて行く
自分を載せてゐる自然の力を信じきつて行く
ひと足、ひと足、牛は自分の道を味はつて行く
ふみ出す足は必然だ
うはの空の事ではない
是でも非でも
出さないでは堪らない足を出す
牛だ
出したが最後
牛はへはかへらない
足が地面へめり込んでもかへらない
そしてやつぱり牛はのろのろと歩く
                  
TORO

El toro pasito a pasito avanza
Camina por la llanura, camina por las alturas
Camina por las corrientes
Todo recto
Por donde quiere caminar, camina
El toro no vuela sin razón, no salta sin razón
Insistente, persistente
El toro escarba la arena, escarba el barro, cocea las piedras
Sí, el toro camina despaciosamente
El toro no se acelera
El toro hiende la tierra con toda su fuerza
Camina creyendo en la fuerza de su naturaleza
Pasito a pasito saborea su camino
El paso que da es su esencia
No hace brindis al sol
Sin falta
Da el paso necesario
El toro avanza
El paso que da es el último
No vuelve sobre sus pisadas
Aunque se atasque no vuelve
Sí, el toro camina despaciosamente
牛はがむしやらではない
けれどもかなりがむしやらだ
邪魔なものは二本の角にひつかける
牛は非道をしない
牛はだだたいことをする
自然に為たくなる事をする
牛は判断をしない
けれども牛は正直だ
牛は為たくなつて為た事に後悔をしない
牛の為た事は牛の自信を強くする
それでもやつぱり牛はのろのろと歩く
何処までも歩く
自然を信じ切つて
自然に身を任して
がちり、がちりと自然につつ込み喰ひ込んで
遅れても、先になつても
自分の道を自分で行く
雲にものらない
雨をも呼ばない
水の上をも泳がない
堅い大地にをつけて
牛は平凡な大地を行く
やくざな架空の地面にだまされない
El toro no es temerario
Sin embargo sí es un atrevido
Lo que estorba lo aparta con sus cuernos
El toro no toma atajos
El toro hace sólo lo que quiere hacer
Naturalmente hace lo que le apetece hacer
El toro no juzga
Sin embargo el toro actua rectamente
El toro no se arrepiente de lo hecho
Al toro le da confianza lo que ha hecho
Sí, el toro sigue su camino despaciosamente
Camina hasta el fin del mundo
Creyendo completamente en sí mismo
Confiándose a su naturaleza
Persistente, insistentemente
Se hunde en la naturaleza
Aunque se retrase, aunque se adelante
Sigue su camino
No se monta en la nube
No llama a la lluvia
No nada
Hunde sus pezuñas en la tierra dura
El toro camina por la llanura
No lo engañan las vacuas promesas de la tierra
ひとをうらやましいとも思はない
牛は自分の孤独をちやんと知つてゐる
牛は喰べたものを又喰べながら
ぢつと淋しさをふんごたへ
さらに深く、さらに大きい孤独の中にはいつて行く
牛はと啼いて
その時自然によびかける
自然はやつぱりとこたへる
牛はそれにあやされる
そしてやつぱり牛はのろのろと歩く
牛は馬鹿に大まかで、かなり無器用だ
思ひ立つてもやるまでが大変だ
やりはじめてもきびきびとは行かない
けれども牛は馬鹿に敏感だ
三里さきのけだものの声をききわける
最善最美を直覚する
未来を明らかに予感する
見よ
牛の眼は叡智にかがやく
その眼は自然の形と魂を一緒に見ぬく
形のおもちやを喜ばない
魂の影に魅せられない
No tiene envidia del hombre
El toro conoce su soledad
El toro mientras rumia lo que comió
Lleva serenamente su soledad
Sigue profundizándose en su soledad
Sigue penetrando en su gran soledad
El toro muuuuge
Llamando a la naturaleza
La naturaleza le hace eco como respuesta
Su voz es un alivio
Sí, el toro sigue su camino despaciosamente
El toro, a lo grande, es torpe
Desde que siente hasta que se mueve, una vida
Aunque comience no todo va como la seda
Sin embargo el toro es tremendamente sensible
Puede distinguir la voz de una fiera lejana
Siente sinceramente, bellamente
Siente claramente el futuro
Míralo
El ojo del toro brilla de inteligencia
Ese ojo distingue las formas de la naturaleza
          y de las almas a un tiempo
No se alegra con las formas falsas
No le seduce la sombra de las almas
うるほひのあるやさしい牛の眼
まつ毛の長い黒眼がちの牛の眼
永遠を日常によび生かす牛の眼
牛の眼は聖者の眼だ
牛は自然をその通りにぢつと見る
見つめる
きよろきよろときよろつかない
眼にも立てない
牛が自然を見ることは牛が自分を見る事だ
外を見ると一緒に内が見え
内を見ると一緒に外が見える
これは牛にとつての努力ぢやない
牛にとつての当然だ
そしてやつぱり牛はのろのろと歩く
牛は随分強情だ
けれどもむやみとは争はない
争はなければならない時しか争はない
ふだんはすべてをただ聞いてゐる
そして自分の仕事をしてゐる
をくだいて力を出す
牛の力は強い
しかし牛の力は潜力だ
ではない
ねぢだ
Ojo dulce y fresco del toro
Ojo de largas pestañas y profunda negrura del toro
Ojo que da vida a la eternidad diariamente
El ojo del toro, ojo de lo sagrado
El toro mira la naturaleza como es
La contempla
No la espia
Ojo que no se aira
El toro que mira la naturaleza se ve a sí mismo
Contempla las formas y los interiores al mismo tiempo
Contempla los interiores y las formas al mismo tiempo
Para el toro no es un esfuerzo
Para el toro es natural
Sí, el toro sigue caminando pasito a paso
El toro es muy terco
Sin embargo no lucha sin sentido
No lucha si no tiene que luchar
Normalmente sólo escucha
Y hace su trabajo
Pone su vida en el esfuerzo 
Es muy fuerte
Sin embargo su fuerza es concentrada
No es un muelle
Es un tornillo
坂に車を引き上げるねぢの力だ
牛が邪魔者をつつかけてはねとばす時は
きれ離れのいいだが
牛の力はねばりつこい
邪悪なの卑劣なにかかる時でも
十本二十本の鎗を総身に立てられて
よろけながらもつつかかる
つつかかる
牛の力はかうも悲壮だ
牛の力はかうも偉大だ
それでもやつぱり牛はのろのろと歩く
何処までも歩く
歩きながら草を喰ふ
大地から生えている草を喰ふ
そして大きなやす
利口でやさしい眼と
なつこい舌と
かたい爪と
厳粛な二本の
愛情に満ちた啼声と
すばらしい筋肉と
正直なを持つた大きな牛
牛はのろのろと歩く
Es una fuerza atornillada
Cuando lleva las carretas por la cuesta
El toro cuando quita de su camino lo que le estorba es muy hábil
Su fuerza es persistente
Cuando se enfrenta a la cobarde espada del torero
Cuando le cuelgan diez, veinte banderillas, por todo el cuerpo
Ataca con su cuerpo vacilante
Ataca
La fuerza del toro es tan heróica
La fueza del toro es tan grande
Sin embargo el toro sigue su camino lenta, despaciosamente
Camina hasta el fin del mundo
Caminando se traga la hierba
Se come la hierba que asoma su cara en la faz de la tierra
La hierba ceba su gran cuerpo
Listo, de dulce mirar
Cariñosa lengua
Pezuña dura
Solemne cornamenta
Mugido destilando amor
Musculatura impecable
Sincero toro grande
La lengua babeante
El toro camina lenta, pausadamente
牛は大地をふみしめて歩く                                                       
牛は平凡な大地を歩く


                                                十二月七日
                                      (詩集 道程復元版)

                                        

 El toro camina con firmerza
El toro pisa la llanura.



                                  7 de diciembre
                                            (de “DOTEI”)