lunes, 22 de septiembre de 2014

BUDA O LA PACIENCIA

BUDA O LA PACIENCIA

Los calores del verano
y transformaron
San Antonio bendito
en Buda sentado.


        Hace ya años se dejaron caer por estas tierras unos familiares. Nos movimos durante diez días por aquí y por allí. En la zona de Tokyo, región denominada de Kanto, aunque no he echado la cuenta, vivirán 40 millones de habitantes. Tokyo, Chiba, Saitama, Kanagawa, Yokohama etc. Lo que quiere decir gente, gente, gente y más gente. A las llamadas horas punta.... Mejor ser paciente.
        Hay una imagen quizá producida por el cine y no siempre real , de cierta violencia verbal, a veces real en Occidente, por los choques por los desencuentros etc. Por el contrario la imagen, general y estereotipada de Japón es la de la tranquilidad, la calma, algo que quedó patente el famoso 11 de marzo de 2011, con el terremoto de la región de Tohoku. Evidentemente ninguna de las dos es completamente cierta. Pero sirva ese estereotipo para comentar el poema que hay más arriba.
            Ni Occidente es tan “violento”, ni Oriente, Japón, tan “tranquilo”. Ciertamente, si por estos lares el paisanaje no se tragara una y otra vez la alteración nerviosa que le produce la asfixia de la excesiva acumulación de gente, si no tuviera paciencia para doblegarse a tifones, terremotos, si no supiera esperar y no supiera dejar que el tiempo pase para que pase el mal, lo negativo, sería más que terrible. De hecho lo es. Muchas veces se habla de el sentido de comunidad del pueblo japonés pero cuando a una persona cualquiera, una imperiosa necesidad le viene encima, no hay sentido comunitario que valga. Yo he visto, en tiempos en que se hablaba del famoso respeto a los mayores, a un “caballero” bajar como un diablo las escaleras de una estación y arrollar literalmente a un mayor, y si el hombre no se agarra a la barra de la escalera para subir despacio, se cae para atrás y se mata. Le hubiera ocurrido como a otro, que seguramente bebido, bajó las escaleras, se cayó y yacía boca arriba en pleno rellano de la escalera con la boca hacia arriba y un charco de sangre saliéndole por detrás. ¿Muerto? Tal vez, estaban esperando a que viniera la ambulancia. El “caballero “ que corría quería imperiosamente tomar el tren que ya estaba dando la señal de salida. ¿Comunidad? ¿O  YO, YO, YO con cara de buena persona?
        No es mi propósito “maldecir”. Sirva simplemente como referencia concreta para hablar de la paciencia. Las tecnologías actuales tienen dos caras. Por una parte la velocidad que pone en contacto a las personas o a zonas muy alejadas en poco tiempo. Eso, realmente es maravilloso. Un ejemplo ilustrativo. El 11 de marzo de 2011 en Japón se produjo un terremoto de órdago. Hasta las comunicaciones telefónicas con el extranjero quedaron casi cortadas. Fuí a la estación para ver si el tren se movería para ir a trabajar. Imposible, y además imposible comunicar con el trabajo. Vuelvo a casa y abro el ordenador, dos mensajes preguntaban que cómo estaba. Aproveché para decirles que estaba bien pero que en otros lugares horribles. Un par de horas, tal vez, otro mensaje preguntaba si quería responder a una entrevista de un diario local. Por supuesto. Ya lo había visto en diarios nacionales con fotos incluidas. Pero viendo la hora y demás decidí escribir una especie de carta explicando mi experiencia. A la una de la mañana de Japón del día 12 entró una llamada telefónica. Yo ya había mandado al periódico mi comentario. Entre el comentario y el teléfono hicieron un reportaje digno. El día 12 salió la noticia en Córdoba, mi ciudad. Un hermano compró el periódico, escaneó la parte en la que yo hablaba y me la mandó. ¡24 horas después del siniestro ya tenía mis palabras en letra impresa! Quizá a un joven de 20 años le parezca normal, pero incluso a la generación de los padres de esos jóvenes les resulta difícil asimilarlo sin sorpresa. Esa es la parte buena de la cuestión, pero a esa parte buena, está otra, que podemos considerar menos buena.
        Acostumbrados a esa velocidad en la clases de la universidad etc. los alumnos llevan diccionario electrónico. Lo utilizan para buscar palabras. A veces el ordenador, Ipod, Pad o como se llame se conecta al ordenador central de la universidad y muchas veces conexión con otras universidades del mundo. PERO los alumnos cada vez piensan menos, discurren menos, tinen menos imaginación, SON IMPACIENTES, NO SABEN ESPERAR, y el resultado es la caida en picado en conocimientos  y deseos de estudiar. Son las dos caras que yo veo en las tecnologías. Que conste desde aquí que no las niego, pero sí digo que hay que saber usarlas y hay que saber ser pacientes para obtener resultados.
        Cuando empiezo con un nuevo grupo de estudiantes siempre les pongo dos ejemplos: A todo el mundo le gustan, en general, las flores. Por mucho que se quiera es imposible acelerar el crecimiento de las flores. Desde la plantación de la semilla hasta el florecimiento hay un tiempo más o menos variable, pero hay un tiempo. Una mujer embarazada sufrirá con el embarazo o será  más  o menos cómodo pero desde la concepción al nacimiento hay un tiempo, un tiempo de esperanza y paciencia.
        El día en que fuimos a ver esta gran estatua de Buda, como una rayo luminoso me inspiró....... La paciencia, la ciencia de la paz interior en función de los deseos, en función de la espera  etc. es tan importante que si no existe nos desesperamos y eso en tiempos de Cervantes significaba suicidio, palabra prohibida por las altas instancias.....
        Hoy día en Japón hay 30.000 suicidios al año. ¿Serán todos por falta de paciencia?